miércoles, 3 de mayo de 2017

Trabajo colaborativo en el Aula Virtual

El aprendizaje colaborativo se entiende como una competencia emocional en la que los participantes despliegan grandes dosis de habilidades sociales en busca de la autoafirmación y la empatía siempre desde una posición de respeto y con un objetivo común.


La primera vez que recibí formación sobre las técnicas de trabajo en grupo me llamó mucho la atención la técnica Phillips 66, se trata de una estrategia didáctica centrada en el grupo cuyo punto de partida es la idea de que una vez transcurridos 6 minutos las ideas proporcionadas por el grupo dejan de ser originales y frescas y comienzan a ser recurrentes y poco interesantes. Como punto de partida, he de decir que esta técnica es interesante para aproximarnos a los conocimientos previos de un grupo, llegar a acuerdos parciales o tomar decisiones sobre los procedimientos para resolver la tarea.


Pero lo que verdaderamente me hizo reflexionar no fueron las ventajas o desventajas de esta estrategia sino el hecho de que una idea nacida en el mundo empresarial hubiera trascendido dicho contexto y alcanzado las aulas.
Acto seguido pensé que si aquellos tipos sesudos con traje y corbata habían considerado que el trabajo colaborativo podría mejorar sus cuentas de resultados... ¿qué beneficios no nos estarían reservados a una escuela capaz de creer en la colaboración?

Ahora sé que debe su nombre a su creador J. Donald Phillips y no a la célebre compañía tecnológica holandesa pero la relevancia de cooperar y de trabajar en equipo en el aula ya nunca me abandonó.

Las estrategias de aprendizaje colaborativo también pueden ser empleadas en los entornos virtuales de aprendizaje; aprender, practicar y reflexionar sobre este tipo de técnicas ha centrado nuestro trabajo en el curso durante estas semanas.







Veo

Para llevar a cabo la tarea colaborativa hemos partido de un espíritu de equipo construido ya desde la tutoría del curso en un marco de respeto mutuo y de responsabilidades compartidas.
Como en cualquier experiencia de aprendizaje colaborativo se parte de distintos niveles de competencia tanto en el uso de las herramientas digitales como en la propia dimensión colaborativa. Cada participante asume como propias las carencias del otro y colabora en su superación, de esta manera los logros alcanzados al final del taller son el fruto de aquellas interacciones enriquecedoras.

Pienso

He tratado de abordar en la infografía anterior cuáles son los grandes riesgos del trabajo colaborativo haciendo hincapié en la facilidad con que éste puede convertirse en una mero reparto de tareas. Creo que la implicación personal de los participantes en el reto colectivo aleja estos fantasmas y encumbra las aportaciones de todos y cada uno de los integrantes del equipo. Es por tanto la suma de estas energías y el alto nivel de compromiso personal con la tarea lo que transforma la actividad cooperativa en una verdadera experiencia de aprendizaje colaborativo. Como siempre, al final, las emociones "se llevan el gato al agua" y se convierten en la guinda del pastel: sin estas recompensas positivas, sin la empatía generada en las relaciones de coordinación, no es posible alcanzar los objetivos beneficiosos de este pilar de la pedagogía moderna: el trabajo colaborativo.

Otra cuestión que creo crucial tiene que ver con la propia naturaleza de la formación no presencial: ¿cómo conciliar la necesidad de compartir el espacio/tiempo virtuales con un modelo basado, precisamente, en la  flexibilidad horaria? Es obvio que en los modelos presenciales la coordinación surgirá incluso por generación espontánea ante la propia necesidad social de crear vínculos con los compañeros de aula: el espacio compartido, la proximidad física, parecen facilitadores de este tipo de dinámicas. En un marco e-learning se hace necesario sacarle partido a  todas las herramientas digitales de comunicación (foros, chats, correo electrónico, mensajería, wikis...) que permitan mantener la comunicación entre los miembros del grupo siempre abierta.

Me pregunto

La aventura colaborativa se abre ahora a los interrogantes. Los profesores tendemos a establecer con facilidad relaciones docente-discente que pivotan sobre un eje de desequilibrio, incluso en una concepción avanzada del profesor asertivo la toma de decisiones y la autoafirmación relegan al profesor a "la soledad del corredor de fondo". Asumir un proceso formativo entre iguales conlleva un desplazamiento de nuestro rol habitual, para poder contribuir positivamente a un ambiente colaborativo debemos superar nuestro tradicional aislamiento al cerrar la puerta del aula y mostrarnos dispuestos a integrar esta competencia emocional como parte de nuestro aprendizaje.
Una vez dado este paso, el docente que pretenda alcanzar los beneficios de esta técnica irá adquiriendo a lo largo de su puesta en práctica un conjunto de saberes, que son al mismo tiempo un medio y un fin en sí mismos:
  • Saber pedir
  • Saber decir que no
  • Saber expresar los sentimientos
  • Saber reaccionar con autoestima ante las críticas
Adquirir estos saberes y experimentarlos en primera persona nos prepara para poder contribuir al sueño del aprendizaje colaborativo.
Si no sabes colaborar... ¿cómo vas a enseñar a otros a hacerlo?


Trabajo colaborativo desarrollado por el equipo A2 del que forma parte este profesor ;-)

Para saber más:
Usando entornos colaborativos para trabajo en grupos virtuales en theflippedclassroom.es  por Carlos López Ardao
5 herramientas en línea para trabajar en equipo en clasesdeperiodismo.com por Lucia Calderón Portugal